Jefe, póngame otro chato.
Necesito ahogar la nostalgia que tanto pelea por salir a flote. Porque caí de un acantilado y ahora floto en aguas bravas. Me dejo llevar. Espero una gran ola que me alce hasta su cresta y me arrastre de nuevo a la playa. No puedo nadar, no tengo fuerzas. Tengo una boya cerca, pero no me quiero agarrar. ¿Y si nadie viene a salvarme? Me quedaré perdido en mitad del mar. Demasiado tiempo para pensar.
Todo me sabe a sal. ¿Es el mar, que se cuela entre mis labios? Quizá sean las lágrimas que debo tragar. El sabor del recuerdo me da mucha sed. Me rodea el agua, pero no me puede saciar.