Estoy tan irritado…
Y todo por esa maldita máscara que me pongo fuera de casa. La llevo muy ceñida
para que no se me caiga, tanto que si me pica el rostro no puedo aliviarme. Es
terriblemente molesto llevar siempre una careta, pero me da pánico salir sin
ella. Tengo la cara llena de arañazos porque en la intimidad me rasco sin cesar.
El día que se rompa la máscara y se descubra mi rostro magullado verán que no
soy más que un hombre herido, y se marcharán. No temo quedarme solo, sé que aparecerá
quien trate de curarme. Eso es lo que me da miedo de verdad.